Muchas veces me he preguntado qué hacer
con ese lastre de papeles,
pasaportes,
billetes con la efigie severa de Alejandro III,
tarjetas conmemorativas de una remotísima peregrinación a Palestina,
páginas inéditas de un himnario religioso.
No sé qué hacer con esas reliquias.
¿Donarlas al museo?
¿Deshacerme de esas anclas a un pasado que no es mío?
Cuando me mire al espejo,
¿a quién voy a ver?
Todos esos abuelos siguen viviendo
a través de la diaria rutina de mis gestos
y yo sin saber qué hacer.

