Escribía a mano en cuadernos y hojas sueltas.
Todo sería más auténtico,
más expresivo.
Creía que del cerebro a la mano y de la mano al papel
era el mejor camino para hacer ARTE con mayúsculas.
Como escribir con pluma de ganso a la luz de una vela
y lloviendo
y todo triste
y un vino al lado.
Así de natural.
Así de romántico.
Así de poético.
Y las minitas se derritirían de amor.
Y escribí mis páginas grandilocuentes y pretenciosas.
Y descubrí que la mediocridad no depende del medio.
La mala poesía sigue siendo mala
en cuaderno o en máquina de escribir
o dictada a Google.
Las minitas se dieron cuenta.
Y yo también.
¿Y vos?