Los atardeceres con mate frente al río y toda la vida por delante
en aquel pueblito de pies embarrados y palabras en ruso
también se fueron.
Éramos demasiado amigos para enamorarnos.
La gramática era clara:
"La cópula une el sujeto y el predicado mediante el verbo ser
(o estar o parecer)."
Arrastramos esa ignorancia hasta el liceo y más allá.
Todo quedó encerrado en un manual.
Después, ni la amistad.
Ni fuimos, ni estuvimos, ni parecimos.
El río también se llevó
todos esos pretéritos indefinidos.

