
Yendo de camino a Sinope a través del vinoso Ponto tuve que recalar en una de las islas del Dodecaneso para aprovisionarme y arreglar algunas cosillas de mi vetusta embarcación. Como es primavera en estas latitudes y la carne es débil, decidí tomarme unas vacaciones. Voy a retomar la navegación antes de que los vientos etesios me la compliquen. La seguimos.

