no lo llamábamos médano
era el arenal
mejor todavía: la montaña
el carrero Sanders se lo fue llevando
nunca le hizo caso a la carta que le dejé
pidiéndole que parara el destrozo
adiós a mi fantasía de un templo antiguo
escondido entre sus granos
había muchas piedras pero nunca encontré nada más valioso que un cuarzo
pasé tardes y tardes sentado arriba con una birome y un cuadernito
y nada
el ala delta que hicimos con Alejandro
nunca planeó
la montaña era muy baja para tantas ganas de volar
la farmacia vegetal,
la congorosa en los caminitos,
algunas florcitas sin nombre
y una víbora tomando sol en un arbusto
enterré a Pinocho al borde del médano
no me cansaba de mirar el río y la costa
y el estero
e imaginar el resto
desde la poca altura de mis años
y de ese montón de arena
esos recuerdos
están encerrados en la mezcla y el revoque
de las paredes de tu casa
tratalos bien