No hay caso. No pego una. Como ya les comenté, mientras navegaba hacia las tierras de Diógenes el cínico me entretuve en el Dodecaneso. Iba a ser por un par de meses apenas, antes de que llegaran los vientos etesios. Después vi que mis barcos, Navegaciones y Escritos, estaban averiados, más el primero que el segundo, así que empecé a mover la mercadería de Navegaciones al otro.
Eso iba a llevar un tiempo, claro. Se pueden imaginar que mover todo eso yo solo, a mi edad, no es changa, pero, para no dejar ese vacío entre artículo y artículo, tuve toda la intención de llenarlo con una serie de publicaciones sobre la última película de Christopher Nolan que toca un tema muy sensible para mí, la Odisea. Hasta ahí mis planes.
Bueno, el hecho es que descubrí que tenía el barco infestado de rémoras. Entre el viento de frente y esos pescados (que son peces porque todavía no los pesqué, pero así es mi español de las orillas del Uruguay), imposible seguir viaje.
En resumen: me voy a tener que quedar limpiando el casco de mi embarcación hasta que pueda deshacerme de esos animales que, dicho sea de paso, son tenaces. Y cuando termine, vienen las fiestas y un viaje a Uruguay. Con el verano y los mosquitos de la Colonia, imposible pensar en escribir nada que requiera un poco más de concentración que contar unas sílabas.
Hasta el año que viene, entonces, nada de navegaciones culturales, nada de los artículos sobre la película de Nolan, nada del taller sobre la katábasis, nada de nada que tenga que ver con las humanidades. Sí algún haiku trucho de vez en cuando, sí algunos chascarrillos, como al pasar, mientras pongo en condiciones la nave y me juego unos trucos en el único bar donde todavía se mantiene esa costumbre.
¡Nos vemos!

