Odiseo en la corte de Alcínoo

En la nota anterior dejamos a Odiseo llorando por su tierra en la isla de Ogigia. Nostálgico perdido, diría el doctor Hofer, y le recomendaría volver cuando antes a Ítaca. Es lo que decide Zeus. Manda a su mensajero Hermes a decirle a la ninfa Calipso que lo deje ir. A partir de ahí, el camino ya no es tan cuesta arriba para el sufrido Odiseo.

¿Qué estaba haciendo nuestro héroe en esa isla? Refresquemos la memoria repasando rápidamente sus principales peripecias.

Después de 10 años luchando en Troya, Odiseo se disponía a volver a su patria, pero una serie de inconvenientes lo demoraron. Saqueó la ciudad de los cicones, que contraatacaron y mataron a varios de sus hombres, los lotófagos estuvieron a punto de hacer que sus compañeros perdieran las ganas de volver, se escapó de que el cíclope Polifemo se lo comiera crudo, los lestrigones lo dejaron con muy pocos barcos, resistió los encantamientos de la hechicera Circe, visitó los confines del mundo para entrevistarse con los muertos, no sucumbió al canto de las Sirenas, sobrevivió al ataque combinado del monstruo Escila y el remolino Caribdis y quedó solo, sin barco y sin compañeros, náufrago, hasta que llegó a la costa de la isla de Ogigia, hogar de la ninfa Calipso. Había perdido todo: sus barcos, sus compañeros, su botín de guerra.

Calipso le ofreció la juventud eterna, la inmortalidad y la vida en un lugar donde tenía todo lo que podía desear, o casi, pero Odiseo rechazó la oferta. Quiso volver a su Ítaca para encontrarse con los suyos. Quiso vivir la vida de un ser humano común y corriente: envejecer y morir. Con esa idea fija del retorno, también quiso otra cosa. Es precisamente ese «casi» que mencioné antes. Como buen héroe épico, Odiseo quería kléos (κλέος), fama, y si elegía vivir eternamente con Calipso, ¿quién se enteraría de los hechos gloriosos que había protagonizado?

Sin embargo, hay una diferencia muy importante entre Odiseo y el héroe épico por excelencia, Aquiles, el de los pies ligeros.

Aquiles era hijo de una diosa y de un mortal. Su madre le había revelado que su destino podía ser morir en Troya y alcanzar la fama imperecedera o volver a su tierra y vivir una larga vida, doméstica, pero sin fama. Aquiles terminó eligiendo la primera opción y todavía hablamos de él.

Odiseo, en cambio, era humano por parte de padre y madre, pero eso no es lo más importante. La diferencia es que volvió a Ítaca, recuperó su reino y se reencontró con su esposa Penélope y su hijo Telémaco. Vivió una vida doméstica y no murió joven, pero también seguimos hablando de él.

En suma, Aquiles alcanzó la inmortalidad por su vida breve y gloriosa, mientras que Odiseo lo hizo por haber superado todos los obstáculos que se le oponían para volver a vivir una vida doméstica. Logró la fama porque nunca dejó de querer volver a Ítaca. Su viaje, nóstos (νόστος), con todas sus peripecias, lo hizo inmortal. No en vano se presentó así ante los feacios: «Soy Odiseo Laertíada, tan conocido de los hombres por mis astucias de toda clase, y mi gloria llega hasta el cielo» (Odisea, canto IX), y luego procedió a narrar sus aventuras.

¿Por qué la fama era tan importante para los héroes griegos? Porque era lo único que les daría eternidad. No había cielo y el mundo inferior estaba poblado de sombras sin memoria. La única forma de no desaparecer del todo era que los poetas cantaran sus hazañas. Mientras eso pasara, seguirían vivos. Al final, para ellos la fama era, literalmente, puro cuento.

Fuentes

Homero. Odisea. Traducido por Luis Segalá y Estalella, Montaner y Simón, 1910.

Hayez, Francesco. Odiseo en la corte de Alcínoo. 1814-15, Museo Nacional de Capodimonte, Nápoles. Wikimedia Commons, commons.wikimedia.org/wiki/File:Francesco_Hayez_028.jpg.

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