1 – Un paraíso para los lingüistas
Era bien chico y por eso todavía me acuerdo de las cartas que recibía mi madre en sobres con rombos azules y rojos en los bordes y algunas letras mayúsculas.…
Era bien chico y por eso todavía me acuerdo de las cartas que recibía mi madre en sobres con rombos azules y rojos en los bordes y algunas letras mayúsculas.…
—¡Joaquín! ¿Dónde está Joaquín? —entra gritando el Flaco Truskariov al boliche de la Cooperativa. El Chueco Lavrov lo mira con cara de resignación, hace una seña con la cabeza y…
El boliche de la Cooperativa ya era viejo cuando lo conocí. Pisos gastados, postigos descascarados, un mostrador pulido por los codos de treinta años de borrachines. Fue de tarde, cuando…
Había llegado a Vancouver hacía unas semanas y ya estaba llamando al consulado de Uruguay. Tenía que renovar mi pasaporte. También precisaba comprar Canarias. Había recorrido un par de negocios…
Lo de Puchalski empezó como un empacho. Le alcanzaba con comer un par de bocados de cualquier cosa para quedar inflado, como si se hubiese despachado dos platos de fideos.…
Desde que vivo en Vancouver solamente fui al cine tres o cuatro veces. Siempre me gustó ver películas, pero la pereza, Internet y quién sabe cuántas otras excusas me alejaron…
Qué noche en el Alexei Peshkov aquel aniversario de la fundación de la Colonia. Primera vez que escuchaba algo que no era como lo de Kliment Ostapiuk, el poeta del…
Era bien chico y por eso todavía me acuerdo de las cartas que recibía mi madre en sobres con rombos azules y rojos en los bordes y algunas letras mayúsculas.…
El dieda Goioio era empleado de la Dirección de Vialidad del Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Cerca del arroyo Bellaco, subiendo por la ruta 24, estaba "el campamento" donde…
Zubarev lo estaba esperando en uno de los bancos al lado de la rueda de molino. —¿Cómo le va, estimado amigo? ¿Cómo lo está tratando este veranillo? —Bastante raro para…