En general, las tragedias griegas tienen un orden canónico que, aplicado a Alcestis, muestra esta disposición:

Prólogo (un personaje expone la situación), párodos (entrada del coro), episodios (sucesos separados por intervenciones del coro) y éxodo (salida final).

En Alcestis, Apolo abre el prólogo explicando el pacto con las Moiras. Entra el coro y se suceden cinco episodios: la despedida de Alcestis, su muerte y el duelo de Admeto, la llegada de Heracles, el debate de Admeto con su padre y elretorno de Alcestis.

Esta estructura presenta los acontecimientos en un orden no cronológico. Eurípides usa saltos temporales que nos llevan al pasado (analepsis: el relato de Apolo que abre la tragedia) y al futuro (prolepsis: Heracles dice que la va a traer de vuelta). La función de estas discontinuidades es dar información o crear expectativa (suspense). Esto está relacionado con la velocidad de la narración, que depende de la relación entre el tiempo de la historia y el tiempo del relato.

El tiempo de la historia es lo que sucede en forma lineal y cronológica en la realidad de lo que se cuenta. El tiempo del relato es cuánto tiempo se demora en contarlo. Es subjetivo y depende de la forma en que el creador del texto presenta los hechos. Esto hace que la narración tenga diferentes «velocidades». Hay cuatro posibilidades:

1. Pausa: el tiempo del relato es mayor que el de la historia. La acción se detiene y la historia no avanza. En Alcestis, las intervenciones del coro pausan la acción para aumentar la emoción.

2. Escena: el tiempo del relato es igual al de la historia. Sucede en los diálogos (Admeto y Alcestis, Admeto y su padre, Heracles y Admeto), donde lo que se cuenta es simultáneo con lo que pasa

3. Sumario: el tiempo del relato es menor que el de la historia (se condensa). Apolo resume en pocas línes días enteros de búsqueda de un sustituto.

4. Elipsis: el tiempo de la historia es mayor que cero pero el relato lo omite por completo. La espera de Heracles junto a la tumba de Alcestis y su lucha contra Tánatos debe haber llevado horas, pero no se muestra en escena.

Estas elecciones narrativas no son arbitrarias. Eurípides usa la elipsis porque lo que no se muestra es más potente que lo que se muestra. Eso genera misterio y permite que nuestra imaginación lo complete.

De la misma manera, los tres días de silencio de Alcestis y lo que pase cuando recobre la voz también quedan fuera del relato. Esto deja abiertas varias posibilidades para que nosotros, lectores de la tragedia casi 2500 años después, nos preguntemos lo mismo que se preguntaban los espectadores atenienses del 438 antes de Cristo.

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