Se ha notado que algunos de los más grandes exponentes de la literatura inglesa no eran ingleses de nacimiento. Samuel Beckett, James Joyce, George Bernard Shaw, Jonathan Swift, Oscar Wilde y William Butler Yeats eran irlandeses; Robert Burns, Walter Scott y Robert Stevenson eran escoceses. Otros no tenían el inglés como lengua materna: la de Joseph Conrad era el polaco y Kazuo Ishiguro nació y vivió en Japón hasta los cinco años.

Algo más drástica es la realidad de la literatura latina. Su fundador, Livio Andrónico, era griego. Terencio, el otro gran nombre de la comedia junto con Plauto (de Umbría), era cartaginés. Séneca y su sobrino Lucano («que antes del español escribieron / toda la literatura española», dice Borges en «Otro poema de los dones»), habían nacido en Córdoba. Marcial, maestro del epigrama, fue también español. Horacio, Ovidio, Propercio y Virgilio agregan nombres célebres a la lista. Para resumir, ninguno de los grandes escritores nació en Roma, ni siquiera en el área del Lacio.

Hoy vamos a detenernos brevemente en Ennio (239-169 a. C.), el padre de la poesía latina. Era del sur de Italia, de Calabria, tierra donde coexistían el griego y el osco. No era hablante nativo de latín y obtuvo la ciudadanía romana en su adultez.

Ennio fue profesor de lenguas, vivió una vida modesta y pasó a la historia como un prolífico y variado escritor que adaptó al latín formas métricas griegas. Hasta entonces la poesía épica latina se escribía en versos saturnios, así como los oráculos de los adivinos, la poesía de máximas y sentencias, los himnos litúrgicos y las inscripciones votivas y funerarias. Ennio introdujo el hexámetro y revolucionó la literatura latina.

¿Cómo eran los saturnios? Tanto la poesía griega como la romana se basaban en la alternancia rítmica de sílabas breves (⏑) y sílabas largas (―). Esas sílabas, a su vez, estaban acentuadas de acuerdo con la prosodia de cada idioma y de las licencias poéticas del caso. Se discute si el latín tenía o no, como el griego, un acento melódico relacionado con la cantidad vocálica (la cualidad de ser breves o largas), asunto en el que no vamos a entrar.

Hay varios estilos de saturnios. La configuración clásica es así:

⏑ ― ⏑ ― ⏑ ― ― │ ― ⏑ ― ⏑ ― ―

La línea vertical indica la cesura o pausa que divide el verso en dos miembros.


Ennio introdujo el hexámetro de la Ilíada y la Odisea y escribió con ellos sus Anales, un poema épico en 18 libros que narra la historia de Roma desde sus orígenes míticos hasta la época en que vivió el poeta.

Los hexámetros tienen esta estructura:

― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏓

El signo ⏕ indica que en esa posición puede haber una sílaba larga o dos breves. Al final del verso, el signo ⏓ señala que se puede emplear una larga o una breve indistintamente.

La cesura puede ocupar diferentes posiciones. Así aparece en el primer verso de la Ilíada:

― ⏕ ― ⏕ ― │⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏓

El hexámetro que introdujo Ennio se usó en la epopeya, la poesía pastoril, la sátira, la poesía didáctica y la epístola, que es casi como decir que todos los grandes poetas latinos lo emplearon en sus textos. Ahora bien, no se trata simplemente de una sucesión de sílabas breves y largas. Hay limitaciones, requisitos y excepciones en cuanto a los acentos, las cesuras, el empleo de palabras de una sola sílaba, la posición de los finales de palabras, cómo debe terminar el verso, los hiatos, las diéresis, todo un mundo que muestra la complejidad de esa forma de versificar.

Salvando las distancias, el saturnio tenía un sabor más popular, como los octosílabos españoles de la poesía gauchesca con respecto al soneto en endecasílabos, importado de Italia por el marqués de Santillana y propio de una poesía más refinada y compleja.

El otro aporte griego que llegó al latín vía Ennio fue el dístico elegíaco, muy usado en la poesía amorosa y el epigrama:

― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏕ ― ⏓

― ⏕ ― ⏕ ― ― ⏕ ― ⏕ ―

El primer verso es un hexámetro y el segundo un pentámetro. Si el primero ya nos abruma con tantos requerimientos, ¿qué decir del segundo? «La forma métrica del pentámetro es aún más severamente regulada que la del hexámetro», advierte Federico Crusius en su Iniciación en la métrica latina. Supongo que ustedes se harán la misma pregunta que yo: si todo esto aparece en un tratado de iniciación, ¿qué queda para una obra más erudita?

La introducción del hexámetro y los aportes técnicos y estilísticos de Ennio revolucionaron la literatura latina. Los Analesllegaron a convertirse en el poema épico por antonomasia y ocuparon ese puesto durante doscientos años, hasta que llegaron el emperador Augusto y su amigo Virgilio. El primero revolucionó la historia de Roma y del mundo occidental. Virgilio, con su Eneida, hizo lo suyo en el mundo de las letras.

Antes que Ennio otro poeta no romano, Nevio, había escrito (en saturnios) la historia de la primera guerra contra Cartago, pero el texto de Ennio tuvo más éxito. Así como los jóvenes griegos aprendían códigos, tradiciones y enfoques sobre la vida a partir de las hazañas de los héroes que había trasmitido la Ilíada, los jóvenes romanos hacían lo propio con un texto en su propia lengua.

Por otra parte, el saturnio se volvió tan anticuado que, para la época imperial, poco más de cien años después de la muerte del poeta, las epopeyas en saturnios habían pasado al olvido.

En resumen, Ennio se ganó un lugar de privilegio en la historia de la literatura latina y gracias a eso parte de su obra pudo sobrevivir.

Además de los Anales, escribió epigramas, comedias, más de veinte tragedias, piezas didácticas, humorísticas y narrativas.

De todo ese corpus quedan fragmentos y títulos de obras. El destino de la producción de Ennio es una muestra de lo que se perdió de la antigüedad clásica. Por ejemplo, la Ilíada tiene 15.693 versos repartidos en 24 libros. Proporcionalmente, los Anales deberían rondar los 11.700. Pues bien, sólo queda un magro 5% de esos versos, 600 apenas, desperdigados, como las referencias a Leucipo y Demócrito, en las obras de otros escritores más favorecidos por la supervivencia de sus textos. Uno de ellos es Cicerón. Claro que sí: tampoco era romano.

La obra de Cicerón, o lo que queda de ella, es bastante copiosa en comparación con la de otros autores. En la genealogía de «La biblioteca universal» que comenzamos a recorrer en la navegación anterior Borges menciona el diálogo Sobre la naturaleza de los dioses.Fue escrito alrededor del año 45 a. C. Como en los diálogos de Platón, diferentes interlocutores identificados con escuelas de pensamiento particulares debaten temas filosóficos.

Hoy no vamos a detenernos en este diálogo porque el protagonista de esta navegación es Ennio, uno más de los tantos extranjeros que colaboraron en la creación de una literatura que no era suya por nacimiento. Sí hay que recordar lo que dice Balbo, el personaje que Cicerón hace hablar para comentar las teorías atomistas de los seguidores de Demócrito y Epicuro.

Balbo sostiene que si alguien pudiese creer que la mera casualidad ha hecho que los átomos hayan formado el mundo hermoso que vemos, podría creer también que, después de tirar al azar una innumerable cantidad de letras, se podría obtener un texto completo. Balbo, sin embargo, supone que de esa tirada no saldría ningún verso. ¿Qué obra tenía en mente Cicerón cuando escribió esa parte de su diálogo? Nada de Livio Andrónico, nada de Nevio, sino los Anales de Ennio, muerto ciento veinticuatro años antes de la composición del diálogo. A esa altura, el calabrés que dominaba tres idiomas era el mayor de los clásicos latinos.

Fuentes

Bayet, Jean. Literatura latina. Traducido por Andrés Espinosa Alarcón, Ariel, 1981.

Cicerón. Sobre la naturaleza de los dioses. Traducido por Ángel Escobar, Gredos, 1999.

Crusius, Federico. Iniciación en la métrica latina. Versión y adaptación de Ángeles Roda, Bosch, Casa Editorial S.A., 1987.

Doble herma de Ennio y Virgilio. Siglos I–II d. C., mármol, Ny Carlsberg Glyptotek, Copenhague. Fotografiado por Wolfgang Sauber, CC BY-SA 3.0, creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0, vía Wikimedia Commons.

Harvey, Paul, editor. The Oxford Companion to Classical Literature. Clarendon Press, 1937.

Havet, Louis. Cours élémentaire de métrique grecque et latine. Librairie Ch. Delagrave, 1896.

Von Albrecht, Michael. Historia de la literatura romana. Versión castellana de Dulce Estefanía y Andrés Pociña Pérez, Herder, 1997.

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